Así fue la presentación de “La Ley de los Similares”

ABC (22-03-13)

El pasado jueves 21 de Marzo tuvimos un nuevo acto de presentación de “La Ley de los Similares“, de Antonio Tocornal. Esta presentación tuvo lugar en Lucena (Córdoba), en el Círculo Lucentino.

El autor estuvo acompañado por Lola Martín (Responsable editorial) y por Mario Flores (Presidente del Círculo Lucentino y articulista de ABC en Córdoba). A continuación os transcribimos el discurso que realizó Mario Flores durante la presentación de la obra.

Tengo un banco reservado en una zona ajardinada donde acostumbro a sentarme a leer mientras, con el rabillo del ojo, contemplo a mi perra retozar en la hierba. Allí he leído La Ley de los Similares, en ese lugar comencé la singladura casi al mismo tiempo que Mariano Bermúdez embarcó en el buque Elvira rumbo a nuevos mundos. Y siguiendo la estela de su barco he ido navegando por las páginas del libro hasta llegar a puerto.
En la travesía, como he dicho, me acompañaba Becky, mi magnífica Golden Retriever, que es capaz de identificar en mí cuantas sensaciones despiertan los libros que leo junto a ella. Y leyendo La Ley de los Similares es cuando Becky ha podido captar en mí un mayor número de emociones.
El relato de la vida de Bernabé Bermúdez (que no es otra cosa que el relato de cualquiera de nuestras vidas), da para experimentar muchas sensaciones, según nos coloca frente a la soledad, la frustración, la impostura, la vaciedad en la que instalamos muchas veces nuestra vida. Con ese material, el autor podría haber optado por dinamitar el ánimo del lector  y reventarle las entrañas del alma. Pero Antonio Tocornal ha sabido conjugar con maestría las posibilidades que ofrece el sentido del humor para conjurar la desdicha.Y así, de este modo, el libro nos produce una abierta sonrisa en más de una ocasión. Ya digo que la variedad de sensaciones que despierta su lectura dan para cubrir un abanico. Y por eso tanto Becky me miraba circunspecta y preocupada cuando Bernabé arrastraba su alma por el suelo, como movía la cola y salía corriendo al observarme en actitud hilarante leyendo algunos pasajes de la historia.
Ese juego de las emociones que hace posible La Ley de los Similares es uno de los más logrados artificios del autor.
Sentado en el banco, leyendo a Antonio Tocornal, he tenido la sensación de releer al maestro, don Álvaro de la Iglesia. Y así como él supo burlar a la miseria que habitaba los años de nuestra posguerra española espolvoreando sobre ella su finísimo sentido del humor, así Antonio Tocornal ha sabido conjurar la aflicción de nuestra época con grandes dosis de sarcasmo que, lejos de resultar petulante, se convierten en un necesario solplo de aire fresco.
Pero también Becky pudo contemplar en mi rostro la relajación de los rasgos que tan magistralmente suele producir don Enrique Jardiel Poncela en mí, porque bien podrían ser suyos algunos de los pasajes de La Ley de los Similares. El dramaturgo no habría tenido empacho en desahogarse con alguna de las escenas que Antonio nos propone en su libro y que, haciendo también guiños a Álvaro de la Iglesia, nos ofrecen momentos tan deliciosos como estos:
«El día de la boda, en el altar, después de que el párroco oficiante le hiciera la pregunta crucial: «Virtudes, ¿quieres a Mariano como legítimo esposo y prometes serle fiel en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de tu vida, hasta que la muerte os separe?», Virtudes se quedó muda y miraba alternativamente al sacerdote y a Mariano con seriedad y preocupación. Al cabo de unos minutos de incertidumbre y ante la expectación del público congregado, Mariano se acercó a don Severino, el cura, y le dijo unas palabras al oído.
El sacerdote negoció con él durante unos segundos. Don Severino no quería que desluciese el espectáculo de la boda de un feligrés pudiente, así que formuló de nuevo la pregunta con una variante: «Virtudes, ¿quieres a Bermúdez como legítimo esposo…?». A Virtudes se le iluminó el semblante, se le dibujó una sonrisa de alivio y contestó: «A Bermúdez sí».
―Diga «sí, quiero» ―repuso el cura, algo irritado.
―Que sí, que sí que quiero ―replicó ella.
―Pues no se hable más ―dijo el sacerdote―. Yo os declaro marido y mujer.»
 
Otro pasaje del libro, la escena en la que la familia Bermúdez rehúsa reutilizar el ataúd del padre incinerado (porque un ataúd es como un preservativo) bien podría haberse incluido en  la obra de Jardiel Poncela “Morirse es un  error”.
Y tampoco hubiera desencajado tanto alguno de los títulos de don Álvaro de la Iglesia como nombre para esta obra que hoy presentamos:
“Sólo se mueren los tontos”, “Los que se fueron a la porra”, “Una larga y cálida meada” o “Medio muerto nada más” hubieran sido títulos que habrían venido como anillo al dedo.
Pero como Antonio Tocornal es un hombre del siglo XXI, también se deja atrapar por ese género de literatura existencialista moderna que, combinando la reflexión vital con el absurdo, es capaz de ofrecernos algo parecido a un flotador al que asirnos para intentar comprender algo de esto que llamamos vida. Y aquí Becky se echa sobre el suelo y descansa mirándome con sus ojos de profunda melancolía; porque intuye a Murakami.
Si la ficción de Haruki Murakami se tiñe de surrealismo para explicar su particular visión de la vida, de la alienación y de la soledad, Antonio hace bueno el ejercicio de surrealismo que constituye el intento de explicar las relaciones humanas bajo principios homeopáticos. Todo un alarde de valentía del que Antonio sale indemne tras sumergirse en laberintos parecidos a los que transita Murakami en “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”.
La Ley de los Similares nos invita a la reflexión, nos hace sentirnos identificados con ese Bernabé que todos llevamos dentro pero, sobre todo, nos hace un favor al descubrirnos que la rutina y lo vivido hasta ahora pueden contener el paradójico rostro amable del flotador que nos salve.
Sólo discrepo con el autor cuando nos asegura que los buenos aficionados al jazz encuentran delicioso acudir a un garito para oir a los músicos apostando sobre seguro al interpretar conocidos standars. Algunos aficionados al jazz encontramos mucho más sugerente sentirnos sorprendidos por nuevas propuestas musicales.
Del mismo modo, La Ley de los Similares huye del relato standard para convertirse el algo mucho más arriesgado, en una propuesta distinta y original .
Por eso a Becky y a mí nos ha gustado tanto este libro.
Quiero agradecer a Antonio la oportunidad que me ha brindado al presentar su libro, presentación que, a buen seguro, no hace justicia a la calidad de su obra. Él sabrá corregir este desafuero y explicarnos mejor que yo qué es realmente La Ley de los Similares.
 
Querido Antonio, éste es tu libro, estos son tus lectores.
Son todo tuyos.

Presentación LucenaEntrevista Lucena

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