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Todavía recuerdo como si fuera ayer mi primera toma de contacto con Dauro: un simple correo electrónico agradeciéndome el envío de mi propuesta editorial y asegurándome su posterior respuesta. Tal circunstancia puede parecer anecdótica o insignificante, mas no lo es en absoluto. En un mundo como el editorial, tan repleto de ausencia de contestaciones y de indiferencia hacia el novel, resulta harto complicado hallar muestras de respeto como la mencionada.

Al poco llegaron los días de vino y rosas, es decir, la aceptación de la novela, su publicación y promoción; fue entonces cuando comenzó mi día a día con Dauro. De cuantas palabras me vengan a la cabeza para definir al conjunto de personas que forman la editorial (simpatía, educación, esmero, franqueza, profesionalidad…), una destaca por encima de todas: valentía. Hay que tenerla para apostar por el novato, el imberbe, el anónimo, dentro de un mundo en el que nadie arriesga ni euros ni esfuerzos.

Esta gente hizo mi sueño realidad, confío en que lo sigan haciendo y espero sinceramente que todo aquél que comparta mi ilusión pueda también disfrutar de esta experiencia. Si la obra lo merece, si rezuma calidad, Dauro estará al acecho. Son buenos y disponen del coraje necesario. Ése es el valor de Dauro.