Aníbal - Laura Montesino

Por fin había quedado satisfecha. Tras cinco años de arduo trabajo de investigación, la corrección y redacción del texto, estaba concluida. Quedaba lograr lo más fácil en apariencia, que la realidad de los intereses gananciales complica hasta el extremo: El reconocimiento por medio de la publicación.

Fue largo y decepcionante el peregrinar entre editoriales, hasta que alguien mencionó a Dauro. Cuando me presenté en aquella oficina alargada, sentí de inmediato la diferencia entre los fríos callejones que había recorrido y la calidez interior, no tanto ambiental como por la postura abierta, agradable, considerada, receptiva y profundamente inteligente de Lola, la directora y la cadencia del equipo que allí trabajaba.

Durante el trayecto había especulado sobre la actitud a tomar, dada la ignorancia, el rechazo o las exacerbadas exigencias monetarias de otras editoriales. Quizás debía mostrarme agresivamente publicitaria más que artística, pero no fue necesario. La razón la localicé en su ideología: “Somos empresa pero buscamos calidad”, comprendí. Sin embargo, seguía albergando algunas dudas.

Lola me encandiló como profesional y como persona. Se interesó personalmente en mi proyecto desde el momento en que se lo describí, tanto que en una semana lo habían aprobado. Pero en mi andadura también me había topado con algunos torpes burócratas que destrozaron mi concepto de calidad con burdos retoques y desafortunadas correcciones. ¿Sería fundada mi preocupación? Cuando empecé a trabajar en la corrección del texto con Víctor y en la portada con Ágata, se desvanecieron las dudas. ¡Qué fantástico trabajo de ambos! Y cómo olvidar a Pilar, Alejandro, Mª José y Mariana, profesionales de categoría con quienes me involucré como con mis amistades.

Sorprende que en una oficina de las dimensiones de la de Dauro quepa tanto talento y exista tanta armonía entre el equipo de trabajo, aunque laborando como lo hacen, con la consigna de la cultura y el respeto, es como se consiguen los objetivos importantes. No exagero. Con todos ellos me he sentido atendida, acogida y valorada hasta el grado de sentir un agradecimiento que raya en la deuda. Ya no me quedan cuestionamientos: la próxima será también con ellos.