Opinión sobre Dauro, por Francisco Pérez Terrón

Francisco Perez TerronNo soy un viejo autor. Soy viejo, eso sí, pero he dedicado mi vida al periodismo, y la ocurrencia de escribir libros me ha llegado  tarde. Esto significa que mi experiencia como autor es muy escasa. Siento cierta envidia por los jovencitos que se ponen a escribir teniendo toda la vida por delante; yo, en cambio, tengo toda mi vida por detrás. No sé qué es mejor.

 A lo que vamos: Cuando terminé mi libro y animado por amigos que lo habían leído, puse mi obra en manos de agentes y editoriales. La mayoría no me hicieron ni caso, pero sorprendentemente hubo unas cuantas que se interesaron. Aquí empieza la historia que nos ocupa. Puesto que soy granadino y vivo en la provincia, pensé que la relación directa con Dauro sería mucho más cómoda que si me editaban en el quinto pino.

La fachada de la oficina de la Editorial es trasparente; esto es también un símbolo.  De modo que antes de entrar ya podía percibir el trasiego de su actividad. La persona que me recibió, que se presentó como Lola Martín, era muy afable y entusiasta, y me sorprendió muy gratamente comprobar que no se trataba de un puro trámite, sino que aquello iba en serio. Lola me hablaba del libro haciéndome entender que se lo había leído de verdad y con atención, y hasta se permitió el lujo de citarme de memoria frases de mi texto que le habían gustado. Toda aquella primera entrevista me pareció un sueño. La ilusión de editar se estaba materializando gracias al apoyo que Dauro me brindaba.

A partir de ese momento empezó el verdadero trabajo editorial: corrección de  estilo que, quitando algún pequeño desacuerdo en ciertas expresiones, reconozco que supo pulir el texto para mejorarlo. La maquetación, el repaso de erratas, la impresión y, por fin, la primera presentación en Motril, que fue también mucho más exitosa de lo que me esperaba, con una sala que desbordaba ampliamente su capacidad y una venta insospechada.  Después más presentaciones en Valencia y Granada capital.

El trato con toda la pléyade de personas que componen la Dirección de Dauro y se ocupan de cada uno de sus pormenores no puede ser más agradable. A todo esto se tercia Mariana que, en nombre de Dauro, me hace participar en una mesa redonda, con su corolario de artículos de prensa y otros comentarios. Próximamente me invitan a las jornadas literarias del Papaupa.  No sé si una Editorial puede hacer mucho más por sus autores y, si yo fuese más ducho en informática, seguro que podría sacarle más partido.

No me queda más que una última reflexión: o he tenido más suerte que si fuera bueno o Ediciones Dauro, con toda seguridad, es algo que vale la pena.

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