Nací en el bonito pueblo de Guájar Fondón, rodeado de la sencilla desnudez de la naturaleza donde fui forjando mis primeros pasos al calor de la tierra, una gran familia, empinadas calles y un patio de colegio lleno de gritos y emociones. Con siete años, que yo recuerde, descubrí mi primera poesía y, con mi amigo Román, empecé a jugar a llenar las hojas de poemas y poemas con la admiración y sorpresa con la que un niño se acerca a la vida.
Pronto descubro la fidelidad y amistad del verso, que me acompaña durante toda mi vida como conexión y expresión de mis diálogos internos. Mi mayor secreto, guardado en miles de hojas hasta que, a la temprana edad de 44 años, elijo compartir mis viajes, la belleza, ternura y alegría que sazona la vida.

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